UN PERRO EN EL AUTOBÚS
La vida contemplada desde la sordoceguera. Experiencias, anécdotas y unas gotas de humor.
martes, 10 de noviembre de 2020
domingo, 1 de noviembre de 2020
LA SEGUNDA SINFONÍA DE MAHLER Y EL MÁS ALLÁ
En muchos países se da por estos días, de muy distintas formas y maneras, culto a los muertos. La cosa viene de muy lejos, tanto que se remonta a la prehistoria. Por aquí, la festividad de "Todos los santos" reúne a miles de personas en los cementerios, hace florecer (nunca mejor dicho) un activo comercio de plantas y se remata la conmemoración, a la hora del postre, con los típicos "huesos de santo". Como los comensales han de ser forzosamente pocos, por aquello de la pandemia, y con casi todo cerrado en la calle, es de prever que las conversaciones se prolonguen y surjan curiosidades y anécdotas como la que voy a referirles. El músico Mahler, con mucho esfuerzo, ahínco e inseguridad iba componiendo su segunda sinfonía titulada "Ritos fúnebres". Cierto día, fue a enseñar su nueva partitura a Hans von Bylow, que de amable no tenía nada. Al interfecto le pareció que no era buena y no valía para nada, así que Mahler archivó el proyecto. Poco tiempo después, el feroz crítico murió, y durante el funeral, el músico percibió la musicalidad de las estrofas del poema "Resurrección",del poeta alemán Kosplospt. La conmoción fue tan grande que decidió seguir con su composición, cambiando matices y añadiendo nuevas ideas. El éxito fue rotundo y tras terminar el concierto en Moscú, se le acercó una anciana condesa para preguntarle "cómo se viajaba al más allá". Mahler se quedó aturdido no supo qué contestar. El viejo título le había traicionado, porque la nueva obra era un “canto a la alegría de la vida".
sábado, 24 de octubre de 2020
CENTENARIO DE MONTY
“Prefiero estar solo"
domingo, 18 de octubre de 2020
VUELVA USTED MAÑANA
No se trata del célebre artículo de Larra, sino de los primeros pasos de una gran artista,
Tras la II Guerra Mundial, París empezaba poco a poco a despertar, a pesar de la destrucción y la miseria. En el barrio de Saint Germain des Prés vivía, cerca de la pensión sita en la plazoleta, una joven Juliette Greco. Había estado en prisión mientras que su madre y hermana fueron deportadas a Ravensbruck. Quería cantar, y como el barrio con sus cafés, sus teatros, sus cavas de Jazz y sus tertulias invitaba a ello, era sitio adecuado para dar sus primeros pasos. No le faltó la intuición de que tenía que escuchar a los mayores, los que más experiencia acaparaban, así que un buen día, entró en uno de esos cafés, donde estaba Jean Paul Sartre, y le pidió consejo para iniciarse en el arte de cantar, a lo que el aludido, viendo la ambición y ansias de la joven, le dijo que volviese al día siguiente. Tras el encuentro, Juliette Greco acabó por convertirse en un icono de la canción francesa, con su atuendo negro, su movimientos para armonizar el texto con la música y su voz raspada por el fumar constante Fue la última superviviente de una gran generación de artistas, muriendo hace un mes, a los 93 años.
sábado, 10 de octubre de 2020
UNA MUERTE TONTA
DE CUANDO LOS DIRECTORES DE ORQUESTA LLEVABAN BASTÓN
Actualmente la mayoría de los directores de orquesta usan una batuta para conjuntar las grandes formaciones orquestales. Lo hacen tras un complicado y muy difícil proceso de aprendizaje, en el que sólo llegan a la cumbre los verdaderos genios. Pero antaño la cosa no era así y, especialmente las orquestas reales y las grandes formaciones militares, iban precedidas por un elegante conductor que marcaba el ritmo con una pesada barra de metal, dando golpes en el suelo, para llevar el compás. Tan forzado equilibrio de técnica y destreza tuvo en ocasiones fatales consecuencias, como le ocurrió a Jean-Baptiste Lully, célebre músico florentino de la época de Luis XIV. En cierta ocasión el aclamado maestro estaba dando fuertes golpes en la madera del suelo, para que los músicos siguieran sus tempos, cuando en un accidente impredecible, en lugar de en la tarima, el bastón dio de lleno en el dedo gordo del pie. ¡Huyyy que dolor! Fue atendido de inmediato, pero los 'doctos doctores', de acuerdo con los escasos conocimientos médicos de la época, a caballo entre la charlatanería, la escasísima higiene y las cochinadas vertidas en ungüentos y brebajes, fueron caldo de cultivo para la infección y la gangrena, que se llevaron a la tumba no precisamente a un músico mediocre, sino más bien a uno de los grandes nombres de la música clásica.
jueves, 24 de septiembre de 2020
SORDOS FAMOSOS: STING
¿QUÉ?, SE HA CONVERTIDO EN MI PALABRA FAVORITA
viernes, 18 de septiembre de 2020
Aún tengo mi guitarra....
JIMMY HENDRIX
En estas fechas septembrinas, cuando el otoño se va asomando, se cumplen cincuenta años de su muerte. Con él se inauguró el fúnebre "Club de los 27", en el que otros artistas posteriores siguieron su estela, con una edad que ha marcado a generaciones como una especie de maldición. Hendrix fue hallado inconsciente por su pareja de aquel entonces, la patinadora Dammerman, para morir poco después, en un Hospital de Londres. Su extraña y sórdida muerte sigue siendo un enigma. Atrás quedó su figura con su guitarra, instrumento que le dio éxito y laureles, convirtiéndole en el mejor guitarrista del rock de finales de los sesenta. Difícilmente alguien hubiera podido alcanzar su genialidad con la guitarra y su huella imperecedera, a pesar de su corta labor discográfica de tan solo tres discos en vida. Nacido en Seattle, era un chico tímido que apenas hablaba, el aprendizaje del manejo de la guitarra fue autodidacta. Sus triunfos los alcanzó más en Europa que en EE.UU, pero dejó una huella memorable en los conciertos de Monterrey y Woodstock. Con el paso de los años su influencia sigue intacta y su imagen es fuente de inspiración y evocación de unas décadas míticas.
sábado, 8 de agosto de 2020
MISTERIOS MISTERIOSOS
EL HECHICERO ARQUÍMEDES
Todo el mundo sabe, o debería saber, que este personaje fue un sabio e inventor que vivió en el siglo III antes de nuestra era. Se conocen pocos detalles de su vida y cómo era realmente, pero su huella permanente quedó bien visible en el estudio e investigación de materias tan diversas como las matemáticas, la física, la astronomía y la geometría. Sus teorías las llevaba a la práctica, y de ahí surgieron máquinas de guerra como las catapultas, que eran una especie de lanzamisiles, salvando naturalmente las distancias, un conjunto de espejos para prender fuego a los barcos enemigos, o un cañón a vapor. Lástima que los implacables romanos conquistaran la ciudad viniéndose todo abajo. Arquímedes no se enteró de su llegada porque estaba muy concentrado analizando unos dibujos geométricos, en mal momento, porque uno de los soldados que desconocía que se hallaba ante un gran hombre lo mató. Aunque los romanos consiguieron su conquista, no habían perdido el miedo a los inventos del que consideraban un brujo. Esta imagen ha quedado grabada de tal forma en las mentes de sus descendientes que cuando sus hijos se portan mal, les asustan con la frase: "ándate con ojo, que si no Arquímedes te raptará". ¡Ni que fuera el hombre del saco!
martes, 4 de agosto de 2020
¡QUÉ LE VAMOS A HACER!
Hay gente que sienta opinión ante hechos y situaciones que realmente no conoce. Más de una vez he tenido la mala suerte de toparme con ellos. Hace algún tiempo tenía una perrita a la que debía sacar a pasear un rato. En cuestión de perros, surge alguna pequeña charla entre los dueños. Que si esto, que si lo otro... El propietario de otro can (no sé de qué raza... El can, no el dueño, claro), y yo coincidíamos de vez en cuando. El tipo sabía que yo tenía problemas auditivos y debía advertirle con frecuencia que adoptara una posición frontal y próxima para que yo pudiera seguir la conversación. Una de las veces se me ocurrió preguntarle si se iba con la idea de que yo no me había enterado de nada. A lo que dubitativamente, me respondió que sí, y la breve conversación siguió su curso, un poco tirante por su parte y tratando por la mía de explicarle cómo son este tipo de situaciones para las personas que tenemos discapacidad auditiva. Total que mi interlocutor, sin venir a cuento y de forma contundente me suelta: "Es que los sordos, en lugar de escuchar no queréis oír, y cuando os conviene sois unos pillines". Es decir, que oímos o entendemos lo que nos interesa y lo que nos da la gana. Tremendo error. Bastante tenemos con sortear las barreras de la incomunicación, para que un sabelotodo nos venga con esas. Más, cuando en mi caso concreto se suma a la sordera un importante problema de visión, que fue lo que yo le dije. Pero mi interlocutor ni caso, continuaba empeñado en hacer valer su opinión. Seguía sentando cátedra sobre el comportamiento picaresco de los sordos. No está bien pensarlo, pero habría dado cualquier cosa por que tuviera que convivir unos días, solo unos días, con la sordoceguera. Sabría lo que es bueno. ¡Ni que estuviéramos aún en los antiguos tiempos de la picaresca!









